Mostrando entradas con la etiqueta HISTORIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta HISTORIA. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de septiembre de 2018

LOS VASCOS EN ANTIOQUIA

Por cien años se ha hablado de la influencia vasca en la conformación étnica del pueblo antioqueño, dándole una gran participación. Para acercarnos a encontrar la verdad, podemos guiarnos por las informaciones de la Guía Telefónica de Medellín, que prácticamente abarca a toda Antioquia, para hacer un análisis de la participación vasca en los apellidos antioqueños, al menos en cuanto al número de habitantes. 

jueves, 9 de julio de 2009

Poema al tiple de Jorge Robledo Ortiz

En esa caja de madera frágil, de cintura de mujer y
anatomía de violín maicero, está el proceso anímico
de una raza invencible, de un pueblo nacido para la
grandeza, para la conquista y el triunfo.

Un tiple fue el compañero de nuestros abuelos cuando
se aventuraron en la selva a sembrar caseríos y a descuajar
el porvenir. En sus cuerdas está la historia de todos los maizales
de Antioquia y del Quindío, de los cafetales que crecen a la sombra
de los yarumos y de las chapoleras en flor; de los arrieros de Bolívar
y del Cauca, de Anserma y de Sonsón, de esos hombres
que se enfrentaban al monte y al camino sin otras armas que un
escapulario, un corazón sin miedo y una frente limpia como sus
apellidos de ascendencia vasca.

Por las cuerdas de un tiple descendían los mineros al
socavón para arrancarle a las entrañas de la tierra
el oro para la argolla de la amada y el resplandor
para la custodia de la iglesia campesina.

Un tiple ha sido el consejero inseparable de nuestros
ingenieros. Ellos saben que antes de nivelar el teodolito,
es preciso apretar las clavijas de ese instrumento que
les ha de recordar la buena fe, el cumplimiento, la
responsabilidad y la entereza de unos viejos cuya palabra
valía más que una escritura.

Cuando un tiple suena, el alma tiene temple de virilidad
y las manos que lo rasgan son callosas y los ojos son
firmes y el gesto es resuelto y el amor es sincero.
Para que un tiple suene con su sabor de casta, es preciso que
esté respaldado por diez generaciones de hachas, que se
estremezca con el recuerdo del abuelo y que se conozca de
memoria todos los senderos de arriería, todas las fondas
camineras, las fatigas del trabajo y las alegrías y penas del amor.

El tiple que descansa en un clavo y recuesta su carga de
bambucos a la blanca pared de la casita campesina, tiene
nuestro mismo apellido y se sabe los nombres de nuestros
seres queridos. Cuando lo tomamos en las manos, nos
parece que acariciamos el cofre de la abuela; la trenza
sin pecado de una novia lejana que se peinaba con la misma
loción con que se peinan la yerbabuena y el tomillo; el rústico
bastón que servía a nuestro padre para apoyar su buena voluntad
y la paz de esas horas en las que Dios llenaba todos los rincones
del alma y la vida era simple y abierta como los corredores,
por donde se entraba el crepúsculo en busca de canciones.

En el tiple están los sueños de los hijos, la juguetona
inexperiencia de los nietos, la oración de la madre, el
retorno del hermano mayor, el canto de un río que se quedó
en la infancia, la copla del arriero, la madrugada de los surcos,
las noches que en Titiribí copaban los socavones para jugarse
al dado una constelación y las serenatas que servían de prólogo
a un nuevo hogar honrado, con manteles humildes, con pan en
abundancia y con la fe colgada como una hamaca entre el crucifijo y los maizales.

Tomado de: David Puerta Zuluaga, Los caminos del tiple, Bogotá, El Tiempo, 1985

sábado, 20 de junio de 2009

Dos monjes navarros en Antioquia

Dos niños corren alegres sobre el irregular empedrado de uno de esos pueblitos navarros del norte de España, cuya pobreza secular mantuvo congeladas en el tiempo las viejas construcciones de inspiración campesina y convirtió a esas villas, décadas más tarde, en excepcionales lugares de solaz turístico.

Los viajeros de la Unión Europea de hoy, que se recrean en la sencillez arquitectónica de esos añejos edificios, sobrevivientes a la fulgurante modernización española de finales del milenio, no tienen cómo percibir los dramas cotidianos que se desarrollaban en tan bucólica simplicidad en la época que nos interesa, los comienzos del siglo XX. Nosotros tampoco tenemos cómo penetrar en la bruma de los tiempos, pero sí podemos imaginar alguna de esas escenas con la ayuda de esos relatos que el padre José María dejaba escapar del armario de sus recuerdos en algún momento de su, al mismo tiempo, dolorosa y reconfortante nostalgia.

Ángel y Pepe desafían con sus pantalones cortos el casi glacial frío decembrino, y recorren las calles del pueblo saltando y riendo, aferrando fuertemente contra su pecho los víveres recién comprados por encargo de sus madres en la única carnicería del lugar. De repente el infantil y despreocupado regocijo es interrumpido por un estruendoso llamado que resuena desde el interior de una rústica edificación, en la que al parecer se trabaja la madera, a juzgar por el aserrín y los restos acumulados en el portal del establecimiento.

¡Pepe! ¡Pepe!, insiste con retintín de regaño y algo de furia la fuerte voz que inunda toda la calle sin sorprender a nadie al parecer, pues los vecinos ya están acostumbrados al vozarrón de su vecino, el carpintero. A Pepe, sin embargo, se le congela la columna vertebral al escuchar la voz de su padre y sus rodillas desnudas y casi moradas por el frío comienzan a temblar sin obedecer a su amo.

Ante los nuevos y más conminatorios llamados, es Ángel quien reacciona y con la fuerza de sus escasos siete añitos arrastra a Pepe hacia la puerta de la carpintería y bombardea al furibundo carpintero con una perorata interminable sobre cualquier tema, haciendo tiempo para que su amiguito recobre la compostura y pueda responder adecuadamente al imperativo llamado.

El robusto carpintero, que resopla como un fuelle, con la cara enrojecida por el esfuerzo del martilleo y por su connatural impaciencia, apenas sí atiende la retahíla infantil y dialéctica de Ángel. Mira con rostro torvo al asustado Pepe, quien al final toma aliento y comienza a contestar al sempiterno interrogatorio. Con una mirada de lechuza expectante, propia de su temperamento conciliador, Ángel finalmente calla y se limita a atender el diálogo entre padre e hijo en perfecto silencio.

En su mente repite las preguntas y respuestas que se sabía de memoria antes de que los dialogantes las pronunciaran, sobre por qué no había contestado rápido a su llamado, qué estaba haciendo por ahí perdiendo el tiempo en lugar de ayudarle en la carpintería, o por qué había comprado el chorizo tal o cual, que él siempre le había dicho a su endiabladamente terca mujer que era menos bueno o más caro o cualquier otra cosa.

Terminado el interrogatorio, que como siempre se cierra con un inflexible “vete a casa que ya hablaremos durante la comida”, los dos niños salen disparados hacia la primera esquina que les permite desaparecer del espacio visual del temperamental hombre y se alejan suficientemente para dejar de oír el incesante martilleo. En este momento Pepe recobra su alegría, aunque de su rostro no alcanza a borrarse cierta dureza que, a partir de esta época de su vida, lo acompañará durante el resto de su vida. Pepe duda entre obedecer a su padre e irse a casa o acompañar a Ángel al barrio más pobre del pueblo para ser testigo de sus habituales acciones de caridad, en las que a veces participa.

Ángel observa con atención la lucha ética que atormenta a su amiguito, que tensiona aún más su adusto rostro, hasta que se decide por arrastrarlo, casi a la fuerza, para evitarle la culpa de la decisión. Al llegar al marginal barrio, donde la pobreza se evidencia por el mal cuidado de las viviendas y el terrible estado de las ropas de sus habitantes, Ángel se sienta con naturalidad en la primera escalinata que encuentra, introduce su mano por entre un orificio de su camisa y, como si de un acto de magia se tratara, van apareciendo en su mano trozos pequeños de morcillas, chorizos recortados y colgajos de grasa. Ángel los reparte con inmensa alegría entre los niños que se acercan para recibir ese maná venido de tan singulares manos, y luego corren hacia sus madres para entregarles el increíble tesoro.

El pequeño José María es incapaz de robar un trozo de chorizo para los pobres, cosa que en el código ético de Ángel no genera ni la más mínima objeción, pero lo acompaña siempre que va a la carnicería para ver cómo logra sacar del carnicero, por cada una de las compras que hace, un extra que introduce en un envoltorio separado para los pobres.

También sabe que si por él fuera dejaría morir de hambre a la familia con tal de satisfacer a los más necesitados, y que no asalta totalmente el envoltorio de viandas familiares solo por la preocupación de ser eximido de recadero en lo sucesivo y perderse del mayor placer de su vida.

José María observa en silencio la escena, fascinado sobre todo por la alegría de su amiguito, quien al terminar de vaciar el paquete no resiste la tentación de echar mano de las viandas de su propia familia para satisfacer a los dos últimos pidientes de la fila con dos pequeños trozos de chorizo, arrancados a mansalva de una pieza completa.

De reojo observa la cara escéptica de Pepe, quien no comparte esas ligerezas con los bienes familiares. Tras un breve silencio e intercambio de miradas, los dos estallan en carcajadas y se van de la mano por las calles.

Unos años más tarde, el pequeño José María se empeñó en ser religioso, lo cual acabó con la poca paz que existía en el hogar, pues su padre se negó a aceptar tal vocación. El pobre hombre había luchado tantos años para aprender el oficio de la madera y hacerse a una clientela, que le parecía una ofensa de su hijo no querer continuar su labor, sobre todo teniendo en cuenta que era el único hijo varón. Pero José María, una vez transformado en adolescente, mostró haber heredado la tozudez de su padre y aunque enrojecía hasta el extremo cada vez que lo desafiaba, no vaciló en hacer frente a sus bravuconadas y reafirmó su propósito de hacerse monje benedictino.

En Medellín, el padre José María Berrío fue conocido por décadas como el prefecto de bachillerato que hizo del colegio benedictino un modelo de educación muy aplaudido por varias generaciones de padres de familia, gracias al estricto sentido de la disciplina y del deber que lo caracterizaban.

En el recuerdo de quienes pasaron allí su adolescencia persiste seguramente esa imagen férrea de un monje de hábito negro que dominaba con su muda presencia todos los escenarios posibles de la vida escolar, y a quien no se le escapaba la más mínima transgresión a las normas por los centenares de varones que tenía a su cargo. Sus sanciones eran inevitables, incondonables y sobre todo efectivas.

Logró convertir el autoritarismo heredado de su padre en un instrumento moderado de formación escolar al estilo del siglo pasado. El padre José María reflejaba mejor que nadie esa España autoritaria, adolorida y bastante fatalista de entonces, a la que un buen día había abandonado para salvarse de una muerte segura en el antiguo monasterio castellano en el que le tocó vivir en plena época de la pobreza española de posguerra, soportando mucho frío, y a veces, hambre.

Jamás quiso regresar a su tierra natal, más que como un viajero siempre deseoso de volver pronto a su país, “Colombia”, como solía decir con tono contundente cuando alguien le recordaba su origen foráneo. En las cálidas tardes antioqueñas, contaba a sus alumnos cómo en invierno el agua se congelaba en las cañerías, y cómo unos monjes sin recursos trataban de salvar de la ruina un antiguo monasterio, educando con grandes dificultades a los niños del pueblo vecino.

Pocos conocen la evolución ideológica de José María, que pasó de ser un monárquico carlista en España a un partidario de la Teología de la Liberación en Medellín, cuando estudió teología para hacerse padre; de ser un fiel difusor de los cánones de la moral sexual del catolicismo a un decidido defensor de las libertades humanas en todos los campos; de ser un obediente monje de la era franquista a convertirse en un abierto crítico de algunas decisiones de la iglesia católica.

El pequeño Ángel también se hizo monje. El hermano Ángel mantuvo hasta cuando pudo su pasión por los pobres y especialmente su obsesión por satisfacer las necesidades alimenticias de los desposeídos, por encima incluso de los reglamentos monásticos. De ello fueron testigos quienes estudiaron en el Colegio de la comunidad benedictina, en el que los viejos amigos de la infancia, Pepe y Ángel, compartieron muchos años juntos, el uno como prefecto de bachillerato y el otro como portero del monasterio y del colegio.

Literalmente, el hermano Ángel robaba comida de la cocina para repartir a los pobres que llegaban todas las mañanas a su portería. Dos años antes de que muriera un ex alumno fue a visitar al hermano Ángel al monasterio de Montserrat, a donde se retiró para pasar su vejez. Como siempre rebozaba felicidad y continuaba hablando a una velocidad que hacía casi imposible entender lo que decía, el “hermano metralleta”, como le decían en el colegio por su extraña dicción, se dolía sin embargo de dos cosas.

La primera, la muerte de Pepe. La segunda, el hecho de que en esa Cataluña próspera en la que estaba viviendo no existieran pobres para quienes robar alimentos de la despensa del monasterio, mientras que sus pobres de Colombia seguramente seguían con hambre.

Publicado por: David Roll, profesor de la Universidad Nacional. Incluidos en el libro "Iberoamérica soy yo: relatos de migración". Publicado por la Universidad Sergio Arboleda y la Universdad de Salamanca.

lunes, 8 de junio de 2009

El Equipo de los Arriola “El Medellín”. (1925-1970)

Hace 96 años, en 1913 comenzaba a dar sus primeros pasos uno de los primeros equipos de fútbol de la ciudad de Medellín. Dicho equipo fue creado por algunos entusiastas extranjeros y medellinenses que decidieron reunirse en torno a esta actividad, para pasar sus tiempos libres, practicar un deporte o para compartir con los amigos. El club de fútbol fue fundado oficialmente en 1914 y fue llamado Medellín Fútbol Club.

Durante estos primeros años, el que comenzó a ser un juego introducido a la ciudad por inmigrantes europeos, se consolidó tanto en la sociedad antioqueña, que fue desplazando otras practicas deportivas que comenzaban a aparecer a principios de siglo.

El fútbol día a día sustraía espectadores y practicantes que se convertían en adeptos apasionados, gomosos e incansables que detrás de un balón compartían sueños, expectativas y hacían grandes amigos. Uno de los grandes damnificados de la fiebre futbolera, fue sin duda, el juego de Pelota de Mano o Pelota Vasca que en Medellín era llamado Jai Alai (fiesta alegre en el idioma vasco). Este deporte introducido en la ciudad por inmigrantes vascos, muchos de ellos religiosos, que eran seguidores del tradicional juego importado desde los pirineos. El frontón Jai Alai fundado en 1905, por César Piedrahita tenía su sede en el actual sector de Guayaquil, centro de la ciudad, en los terrenos que eran propiedad de Coroliano Amador. Al parecer no fue desde un principio un deporte muy popular en Medellín, tanto que los terrenos del Frontón Jai Alai se utilizaron como hipódromo y autódromo para realizar las carreras de caballos y carros de la ciudad. El Frontón Jai Alai fue clausurado al poco tiempo después de que su gerente el señor Gustavo Restrepo reportaba inviable la empresa y después de que su propietario Amador iniciara el proceso de urbanización de la zona. Entre las razones que dan para el fracaso de la practica de Pelota Vasca en Medellín fue que el fútbol acaparaba toda la atención de los parroquianos, relegando este deporte al olvido, aunque años más tarde en 1914 otro frontón fue construido en el Campo Deportivo de Miraflores, propiedad de los jesuitas vascos del San Ignacio de Loyola, el cual mantuvo esta practica hasta la década de 1970.

“El Equipo del Pueblo”
Se le llama “Equipo del Pueblo” por cuanto su hinchada recoge toda la pasión popular antioqueña, mostrando la forma como el antioqueño siente y ama todo lo viene de su tierra. El sabor popular provienen de una tradición que se remonta a los primeros años del siglo, cuando el Medellín ofrecía sus primeros espectáculos en la ciudad, enfrentado a equipos formados con anterioridad por extranjeros en Medellín como el Sporting. En estos partidos que se jugaban en escenarios como la manga de Los Belgas, El Medellín ganaba el corazón de sus seguidores, partido tras partido, consolidándose y permaneciendo en la memoria del pueblo. Son recordados momentos de gloria como en la década de los años 20s lo fueron ganar la copa Jiménez Jaramillo, en 1923 y la gira por la ciudad de Bogotá en 1927. En 1928, en los primeros Juegos Deportivos Nacionales, celebrados en la ciudad de Calí, varios jugadores del Medellín formaron la base que representó al seleccionado antioqueño. Después vino la década de 1930, especialmente recordada por los triunfos que alcanzó el equipo, como subir a la primera categoría en 1933 y ganar el campeonato nacional en 1938.

La Familia Arriola
La familia del vasco Jesús Arriola es una de las más distinguidas de la ciudad de Medellín. Este vasco que llegó a la ciudad a finales del siglo XIX, fue un destacadísimo músico que traspasó su arte para el patrimonio del pueblo antioqueño, dejando en Medellín y Antioquia un valioso legado musical. Cuando recién llegó a la ciudad se casó con una antioqueña, con la que dejó una familia numerosa que continuó el legado de su padre; unos consagrados a la música como Roberto y Javier, otros a la educación como Sofía; de igual forma, en el deporte también estuvieron presentes a través del destacado golfista Fernando y los futbolistas Jesús e Ignacio. A su vez, aportaron a las actividades empresariales e industriales, confirmando que sus 16 retoños fueron el legado más valioso que dejó el maestro vasco en estas montañas.


“Los Arriola y Medellín”
Este titulo ilustra la relación de la familia Arriola con el equipo de fútbol “Medellín F.C.”, ya que los Arriolas también incursionaron en esta practica deportiva. Uno de ellos Ignacio Arriola, en 1925 era titular en el equipo que representaba a Antioquia en uno de los primeros encuentros entre clubes en el país. Años más tarde en 1928 representó el departamento antioqueño junto a su hermano Jesús, en los Juegos Olímpicos Nacionales que se organizaron en la ciudad de Cali, ambos Ignacio y Jesús (defensa y delantero, fichados por el equipo Medellín F. C. bajo la dirección técnica del suizo Jorge Herzig. De esta forma, estos hermanos vasco-antioqueños fueron llamados a dejar en alto el departamento en Cali, ciudad hasta la cual se desplazaron sus hermanas y padre, el maestro Jesús Arriola, con el animo de ver jugar a sus hijos futbolistas, pero también para observar el match entre su paisano el corajudo boxeador vasco Paulino Uzcudun, quien en aquella ocasión se enfrentaba al francés Renault en dicho evento.

Sin duda el momento que mejor relaciona la familia Arriola con el Medellín se presentó en 1953, cuando los empresarios vasco-antioqueños, hijos menores del maestro Arriola, Javier y Alfonso Arriola compraron el “Medellín F. C.”, equipo donde habían jugado años atrás sus parientes. Al equipo le dejaron los mismos colores, pero le cambiaron el nombre por “Deportivo Independiente Medellín” (DIM), nombre que se conserva hasta la fecha. Javier Arriola del Valle, fue presidente de la institución entre 1954 y 1958, fechas en las que obtuvo dos títulos del campeonato nacional, uno en 1955 y el otro en 1957. Después Alfonso Arriola ejerció de presidente desde 1958 hasta 1970, también fue una buena administración, pese a que no se alcanzó ningún titulo del campeonato nacional. De manera que la historia del DIM (Deportivo Independiente Medellín) ha estado ligada de una u otra forma a la familia vasco-antioqueña Arriola, la cual le dio momentos de gloria al equipo de fútbol antioqueño, al equipo del pueblo, que conserva una tradición casi Centenaria.

Publicado por John Alejandro Ricaurte

martes, 19 de mayo de 2009

Los vascos en Colombia

Bajo el legendario árbol de Guernica el nuevo lehendakari del gobierno vasco Patxi López Otamendi asumió esta semana pasada entre aplausos y silencios, con la emoción contenida, el cargo de timonel de los vascos. No hubo discursos, se leyeron dos poemas y un bailarin vestido todo de blanco recreo una coreografia tradicional para ceremonias de cambio de mando.

Aprovechando esta coyuntura histórica que se inicia con la elección de este polémico líder, mas cercano a los socialistas que a los nacionalistas que hasta ahora habían gobernado, quiero recordarle a mis oyentes sobre la presencia de los vascos en Colombia.

Antes de que Colón emprendiese su primer viaje a encontrarse con el nuevo mundo, ya los vascos habían llegado al norte de nuestro continente, a las costas del Canadá y a las nuestras arribaron en el tercer viaje en 1.499, entonces Alonso de Ojeda y el piloto y geógrafo Juan de La Cosa, llamado “El Vizcaíno”, emprendieron la exploración de lo que se llamaba el litoral de tierra firme, los acompaño el geógrafo Américo Vespucci y este puede ser considerado el primer contacto con el sur hemisferio, que iba desde el golfo venezolano de Paria, en las bocas del Orinoco hasta la península de la Guajira.

Luego en 1500 Rodrigo de Bastidas asociado al piloto vasco organiza desde Sevilla una nueva expedición que fue la que descubrió realmente los litorales colombianos. Los vascos han sido migrantes por tradición y han contribuido a la política, a la sociedad, la cultura y la economía de Colombia. Baste citar que los Cano, los Carrizosa y los Echandía entre otros son de origen Vasco.

Llegaron de diversas maneras: la principal por una migración en masa, en condiciones durísimas se endeudaban con los enganchadores que les prometían una mejor vida en el nuevo continente y les prestaban dinero para el viaje.

Cristóbal Colón en su último viaje el de 1.502 en que navegaba La Viscaína, carabela tripulada por el contramaestre Fuenterrabia, por Larriaga, Anzurraga y otros vascos, fue la que en pergamino dejó la primera carta geográfica de estas costas e islas, lo que pudiésemos llamar el primer mapamundi que incluye el nuevo continente, anterior al mapa de Américo Vespucci que dio el nombre al hemisferio. Este documento desapareció varios siglos, lo descubrió el barón Alejandro Von Humboldt en 1832 y hoy se encuentra en el Museo Naval de Madrid y esperamos que una copia se traslade muy pronto a nuestro nuevo museo naval en Cartagena para que lo conozcamos.

Estos primeros conquistadores, fundadores y colonizadores, encomenderos y religiosos ya echaban de menos la pérdida del Euskera y que el Castellano ya empezaba a reemplazarlo. Pero dentro de esta cofradía de vascos que tanto le han aportado a nuestra vida republicana hay que recordarle a los oyentes que tenemos muchos personajes emblemáticos además de los ya citados desconocidos para muchos.

Entre los famosísimos esta Blas de Leso bautizado por Alejandro Obregón el teso su estatua en Cartagena donde apreciamos a medio hombre que con un brazo, un ojo y una pierna defendió con rabia a Cartagena de los piratas que la acediaban. Mas adelante en los albores del siglo XIX aparecieron los próceres de la gesta independentista, con un marcado acento vasco. Están Bolívar, Anzoátegui, Ricaurte, Salavarrieta, Baraya todos ellos motivados por el nuevo pensamiento Francés y norteamericano que promovía con fervor los derechos del hombre.

En la vitrina de los presidentes tenemos a Bolivar denuevo, Aranzazu, a Echandia a Olaya Herrera a Urdaneta Arbelaez. Además están los vascos colonizadores modernos desde Antioquia hacia el sur por la cordillera Central allí legaron los Alzate, los Aguirre, los Arteaga, Arango, Bedoya, Echeverri, Iriarte, Los Gamarra,, los Isaza, Londoño, Marulanda, Ochoa, Orozco, Ospina, Salazar y Uribe.Los gamboa, Gaviria,Ibarra, Mendoza, Mondragon, Múgica, Orozco.

Pedro de Ursua de quien se ocupa con detalle William Ospina en su novela fundó a Pamplona y hay un sinnúmero de nombres geográficos que provienen del país Vasco tales como Vasconia en Cundinamarca Aránzazu nombre de la virgen patrona de los Vascos, Arciniega nombre del pueblo de donde provenía nuestro famoso historiador German Arciniegas, Achury nombre actual de una de nuestras mas prestigiosas ganaderías de toros bravos, Bayona, Bermeo, Bilbao, Bolivar y Carranza origen de nuestro gran poeta Eduardo y de su hija Maria Mercedes, Durango, Gamarra pueblo de la costa y Garay apellido de uno de nuestros colaboradores el musicólogo, Esta también Peralta, Roncesvalles, Samaniego, Vergara, Zarate, Zuñiga, Viana. Todos estos nombres a demás de apellidos corresponden a sitios, veredas, pequeños municipios y corregimientos es el caso de Roncesvalles municipio en el Departamento del Tolima sobre la agreste cordillera central fundada en 1925 por colonos Antioqueños de origen vasco en nostálgico homenaje a los pirineos.

Tomado de: Rodrigo Castaño, Emisora HJCK, junio 8 de 2009

sábado, 4 de abril de 2009

FRASES SOBRE VASCOS Y ANTIOQUEÑOS

Sobre los vascos que llegaron a Antioquia en la colonia

Se ha dicho con razón que los vascos dieron una importante a la riqueza antioqueña que puebla la cordillera central del país, en los departamentos de Antioquia y Caldas. Así lo demuestran los apellidos de tantas familias de la montaña, y la idiosincrasia libre, particularista y tradicional de la sangre de los Aguirre, Alzate, Aranza, Arbeláez, Aristizábal y Arroyave, de los Arrubla, Arteaga, Atehortúa, Avendaño por solo enumerar algunos de los apellidos antioqueños de la primera letra del abecedario.

Francisco de Abrisqueta, (1983).

...Por lo que al inmigrante español, Antioquia le tuvo de buena calidad, del norte de la península en un treinta por ciento mas o menos, con andaluces, castellanos, etc. Ahí fueron gentes de mucha empresa, porque al aislarse en tales desfiladeros, secuestrados del mundo por selvas y lomas abruptas no era aperitivo de pusilánimes.
Esto explica la relativa homogeneidad del pueblo antioqueño en carácter y costumbres: unos centenares de familias, de las cuales más de ciento eran vascongadas, lo formaron en el transcurso de varios siglos.

Luis López de Mesa, (1970).

Con todos los hidalgueños venidos a este valle, de preferencia vascos, castellanos, extremeños, gallegos, satures, andaluces, en fin montañeses peninsulares.

Livardo Ospina (1967).

...Esos curas eran vascos fornidos, nobles, corajudos; jamás viles. Quien tomare a mal lo que describo, no entiende lo único bello que ha tenido en humanidad Suramérica: este nido de vascos, Antioquia.

Fernando González Ochoa (1936 - 1945).

¿Qué te une con Euskal Herria? ¿Tienes familia allí?
Mis lazos con Euskal Herria, según parece, son muy antiguos. Lo mismo sucede con casi todos los descendientes de vascos en Antioquia, pues hace ya casi 200 años dejaron de venir masivamente a la región, principalmente por haberse cortado los vínculos coloniales que unían a América y España. Aunque en épocas posteriores vinieron algunos centenares de vascos, éstos no constituyeron una cuantía significativa con respecto al total de la población, como sí sucedió en la era colonial; sin embargo, estos nuevos inmigrantes dejaron obras que bien valen la pena destacar.

John Alejandro Ricaurte (2008).

Sobre apellidos vascos en Antioquia

...No hay menos de un centenar de apellidos del País vasco en Antioquia, cuyos hijos se hallaron como en su propio suelo..., dejaron aquí una dilatada herencia que perdura.

Emilio Robledo, (1932).

...Los vascos se sienten ufanos de ver entre los nombres antioqueños tantos apelativos familiares de Euskadi, los Arismendi, Barrenechea, Chavarriaga, Echevarria y Echeverri, los Elejalde, Elorza, Gaviria, Izaza, Londoño, Los Marulanda, Ochoa, Olózaga, Orozco, Ospina, Zuluaga, y otros muchos más que llegaron de las abruptas montañas vascas a las bravas montañas antioqueñas.

Francisco de Abrisqueta, (1983).

...Un fenómeno que siempre me ha sorprendido es la cantidad de apellidos vascos que hay en este país. En la zona de Medellín principalmente.

Xavier Santxotena, (2007).

...aquietar la curiosidad de las familias colombianas que portan apellidos eusquéricos ...A ello me induce, á más de las razones indicadas y el cariño que profeso á esta región tan parecida a la mía en costumbres y apellidos, el ser mi lengua nativa la que dio origen a dichos apellidos.

Luis Gorostiza, (1912).

...hoy en día el 40% de los apellidos antioqueños son de origen vasco.

Luis Alfredo Ramos, (2008)

Sobre el apellido Aristizábal

Apellidándote Aristizábal, la txapela vasca te asoma por alguna parte... -Así es. Mis abuelos son todos colombianos, pero descendemos de los vascos que llegaron hace trescientos años a Colombia y se establecieron en Antioquia.

Juan Esteban Aristizábal, (2005).

...Hay cantidad de apellidos vascos por allá. Si vas a Medellín o a la región, sabrás por qué se quedaron: el paisaje es exactamente igual.

Juan Esteban Aristizábal, (2007).

Lo que uno debe coger es mirar su árbol genealógico y partir de él, descifrar no qué tan español se es, sino qué tan vasco, qué tan gallego es uno...

Roberto Luis Jaramillo, (2007).

Sobre los rasgos que comparten vascos y antioqueños

Hay algo mas parecido al pueblo vasco que el antioqueño?
Que lo digan: el carácter migratorio de sus habitantes, su individualismo feroz, su espíritu de economía y orden, su respeto al padre, su cariño lírico e inasible por la madre, su religiosidad y su alegría por las fiestas del culto. Su fanfarronería más gascona que andaluza, su especialidad en palabras de grueso calibre, en vizcaínos, su tendencia a las apuestas, sus convites campesinos, su capacidad poética y su admiración por las trovas, su belicosidad cuando se les trata en forma áspera, su sensación de personalidad aunque se enmascare en una timidez campesina, su gusto casi vital por el cerdo y sus derivados, su amor casi anatómico a la sensación de libertad. “Lleva el hierro entre mis brazos por que en el cuello me pesa” y en mas que nada se parece al vasco que ha cantado de siglos:
Navarrisco valiente,
Que ni Dios pué con ti,
Y contigo no puede,
Porque Dios te hizo así.
Es el pueblo antioqueño, raza vascongada que va buscando la montaña como la aguja al imán y así va esparciéndose en el territorio patrio, en el abanico de nuestras cordilleras. Con sus docena de hijos, con su tiple y con su hacha, y con su confianza en si mismos, que los hace sentirse estrechos en los lares paternos.

Joaquín Ospina, (1955).

Respecto a los vascos, se encuentran semejanzas con los paisas que podrían comprobar la hipótesis de que áquellos hacen parte del ancestro de éstos: son dueños de un espíritu orgulloso y enaltecedor del trabajo duro, poseen un territorio montañoso donde han desarrollado desde siempre trabajos de minería y pastoreo, han alcanzado cierto desarrollo industrial y, en cuanto a la indumentaria, puede notarse la utilización de la boina vasca por parte de los paisas.

Wikipedia, (2008).

Por todo ello, algún historiógrafo les dijo a los antioqueños “hombres esforzados, legítimos representantes de los vizcaínos sus ascendentes y las hermosas mujeres de ojos negros, genuinas representantes de la raza caucásica”, refiriéndose, tal vez, a la teoría del origen caucásico del pueblo vasco.

Francisco de Abrisqueta, (1983).

Yo tengo el honor de exponer puntos de vista de vivencias muy largas, vívidas y vividas en la región de donde yo soy, Antioquia. Allí la población ha estado gradualmente compuesta por gentes descendientes de inmigrantes vascos. De manera que más de un centenar de apellidos corrientes son de inequívoco origen vasco, las costumbres son igualmente, no diré que exactamente trasunto las unas de las otras, pero sí con muchos rasgos similares. Por ejemplo, el ahínco en el trabajo, el apego a la tierra, la religiosidad, el culto de la familia... Y ante todo, el sentido emprendedor, el no arredrarse ante las dificultades sino tomarlas como oportunidades.

Belisario Betancur, (2004).

Eso del espíritu emprendedor, andariego, fundador, industrioso; eso de la palabra empeñada y la afición al juego; y sobre todo, la religiosidad, la consistencia de la familia y de la alta natalidad, y el empeño autonomista en un marco de montañas pobres y subsuelo rico es exactamente, la descripción real que viajeros, sociólogos y antropólogos han hecho del pueblo vasco.

Francisco de Abrisqueta, (1985).

...El suelo de Euskadi es helecho y el helecho es la alfombra de Antioquia. Tenemos los vascos nuestras dos arepas, la de miga y la delgada que llamamos borona y talo respectivamente (tela llaman ustedes a la delgada). Maíz es el cultivo de fondo de Antioquia como en Euskadi. Todos los picos y farallones del mundo están repartidos, a partes iguales, entre Euskadi y Antioquia. Vascos y antioqueños tenemos la misma cara, en forma de V. Y para remate, el directorio telefónico de Medellín parece el directorio telefónico de Bilbao: los mismos Londoños, Arangos y Echevarrias

Luis Miguel de Zulategui, (1949).

Sobre la llegada de vascos a las montañas de Antioquia

...encontraron más a su gusto el juego de colinas y ondulaciones de los campos de la Marinilla. Allí encontraron gentes oriundas también de la remota Vizcaya o de Guipúzcoa y Alaba establecidos de tiempo atrás en holgura social y económica.

...Tal vez encontraban en los riscos empinados el recuerdo vivo de sus cumbres y breñas, así como el de sus valles, amplios algunos, angostos y oscuros otros.

...Pues Caramanta, indudablemente sin pretenderlo, se concentro una verdadera colonia vasca, a juzgar por la proliferación de los Aguirre, Alzate, Arcila, y Arteaga, de los Arango y Aristizábal, de los Chavarriaga, Echeverri y Galeano; allí los López y Montoya, Obando, Ochoa y Orozco; en Caramanta todo lo Osorio y Ossorio; todo lo Ossa y Salazar: lo Saldarriaga, lo Uribe, lo Valencia; lo Vélez y Zabala.

José Gallego Osorio, (1991).

...Durante estos días he visto por la calle rostros que me recordaban las facciones de mi padre. Es también sabido que los vascos tuvieron un peso importante en el poblamiento de Antioquia. El sociólogo Luis López de Mesa ha escrito estudios muy interesantes sobre la incidencia del País Vasco en la conformación del pueblo antioqueño. Yo nací en esa región, en Yarumal, un pueblecito que está muy cerca de Medellín.

Oscar Zuluaga Uribe, (2005).

Sobre el espíritu empresarial antioqueño

Para muchos, la clave de la personalidad cultural del pueblo antioqueño es su ancestro vasco predominante; para otros, el reto del contorno físico en una naturaleza abrupta y pobre, complementada con el aislamiento de tres siglos gracias a las poderosas barreras naturales que solo permitieron un débil cordón umbilical con el resto de la República hasta iniciado el siglo XX. Para los demás, lo verdaderamente importante fueron las exigencias de la economía minera que labro el espíritu de aventura, amigo de correr riesgos, el trabajo igualitario, el gusto por las faenas materiales, la necesidad de la asociación de capitales para distribuir el riesgo, etc. No falta quien sostenga que lo ocurrido es simplemente un gran esfuerzo colectivo por demostrar al resto de los colombianos, una cierta superioridad de capacidades, como respuesta al desprecio que en épocas anteriores, ciertos grupos colombianos dominantes, manifestaban por un conglomerado al que juzgaban inferior y retardado culturalmente.

Octavio Arismendi, (1966).

Sobre los gustos musicales que comparten vascos y antioqueños

...Según Adien Planté, el propio Voltaire definió al pueblo vasco, ascendiente directo del antioqueño, diciendo: “Es un pueblo que, montado a caballo en el pirineo, pasa su vida cantando”. La raza antioqueña, cabalgando sobre los Andes, cruza la vida sin abandonar la lira. Como todos los montañeses de la tierra, domina el suelo bravío entre canciones, se extasía con las armonías y, como todos los pueblos montañeses, ha arrancado a las cortezas de los árboles su chirimía, el instrumento pastoril con que decir a los valles sus cuitas.

Luis Miguel de Zulategui, (1940).

Sobre Jesús Arriola

Orgullo del solar vasco que te vio nacer; digno sucesor de tu tío, el gran maestro Ambrosio Arriola, respetado y admirado hoy mismo en los círculos de la critica, a pesar de la época de decadencia musical en que vivió; dejas bien puesto el nombre de tu patria como artista, y sobre todo como caballero. Tu mejor legado para tus hijos es la enorme responsabilidad que queda sobre ellos, de seguir el ejemplo de tus virtudes cívicas y cristianas, a la vez que la educación que les brindaste, merced a la cual te han honrado e imitado hasta ahora, y seguirán haciéndolo con mayor tesón adelante.
Y para mi, que en ti tenia al único paisano y amigo confidente, me queda el consuelo de poder contar a la madre patria como sirven y mueren sus hijos fuera de ella, y cuanta es la hidalguía de este pueblo, que así acoge y honra a sus descendientes, los vascos

Luis Miguel de Zulategui, (1931).

Sobre Luis Miguel de Zulategui

...Zulategi, como escuetamente le decían sus amigos, echó raíces definitivas en tierras de Antioquia; su esposa, Blanca Mejía de Zulategi y sus hijos se empaparon de la recia tradición vasca del noble artista ahora desaparecido, quien a su turno se tornó antioqueño, como tantos de sus antepasados.

Otto de Greiff, (1970).

Sobre Camilo Antonio Echeverry

El origen de su apellido fue motivo para que se asentara por un tiempo, entre la élite intelectual, la idea de que los antioqueños conformaban un grupo aparte porque descendían en su mayoría de los vascos de España.

Juan Camilo Escobar Villegas, (2007).

Sobre Blas de Lezo

Lezo era vasco. ¿Hubo muchos vascos en la conquista de América y, luego, en la vida posterior de los virreinatos (comerciantes, soldados, gobernantes, clérigos...)?
-La verdad es que a la pericia navegante de los vascos se debe el mantenimiento del comercio con América por la construcción de buques mercantes y de guerra. Sus marinos fueron destacadísimos en empresas de esta índole, amén de que el departamento (provincia) más próspero de Colombia, Antioquia, se debe a la colonización vasca y a su empuje empresarial.

Pablo Victoria, (2007)

Sobre las relaciones entre los gobiernos de Euskadi y Antioquia

...es Antioquia, tierra de los vascos también en Colombia y la verdad es que para mí ha sido un honor el cumplir la promesa y ser recibido por su hermano Aníbal Gaviria, gobernador de Antioquia, quien conjuntamente con este pueblo ha dado muestras del cariño que tienen por la sociedad vasca.

Juan José Ibarretxe, (2007).

Fue jugosa y completa la visita a Colombia, donde se celebró en particular las "profundas y antiguas raíces que unen a Euskadi y Antioquia".

Manuel Montero, (2007).

Autor: John Alejandro Ricaurte

Zorionak Eta Urte Berri On (2022)

¡Zorionak guztioi Antioquiatik, lagun maiteok!